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Wednesday, April 11, 2012

E-nemigo Púbico


Aquí (a quién?) John Gueras. Aquí y en otro lugar ya pasado, siempre devuelto. John Gueras, al que (se) podría llamar yo al ser yo el que es mismo y no-mismo: John - un sin embargo. Gueras, que no es decir (es decir, que es no-decir:): Guéras.

John Gueras: filósofo, psiquiatra y especialista en estética capilar (vulgarmente conocido como peluqueriólogo).

Espero que mi intrusión en su e-spacio no sea causa de alarma. Lectores fieles (qué lector lo es? qué lector no?) del Blog habrán trazado un sutil hilo trazado, me arriesgo a decir, un cabello alzado, que atraviesa el matorral "ahogado en tintero" del Blog (el cual se terminó por llamar Ritual Exquisito a pesar de que mi propuesta fuese incalculablemente mejor: P(e)log).

Al grano (término con el cual no intento devaluar la máxima importancia del diminuto grano, digamos como es el grano para el joven adolescente en la noche de su gran cita con la chica de sus sueños (erótico-Freudianos), la expresión en sí quizás mejor expresada por núcleo, clímax, o carne): Pienso  usar el blog (luego e-xisto). Solo espero que mi fama internacional (os refiero, queridos lectores (y cuales no lo son? y cuales sí?), a la traducción de mi último libro de ensayos al Croata y al Catalán y a la adaptación de mis dos ensayos "P/N" y "El Reinado y el Peinado: el pe(i)ne y el rey no" a la pélicula Donkey Punch) no haga un p(r)ostíbulo de este humilde (pero grandioso) (d)e-spacio.

.).

Pero mi función aquí hoy no es propagar mi obra. No pienso ser otro falocutor, otro falogorreico teórico imponiendo mi fa(l)lo en la cara del lector.

.). 

Pero dejemos a un lado la introducción, en el margen, sábana blanca que envuelve el oscuro miembro del falogos, pista grabada, patines que graban blanco sobre blanco en la textura áspera de la fría página. 

.).

En realidad vengo como el pergamino del mensajero. Palimpsesto que la historia obliga. En mis (simbólicas) manos: "Paris tiene a Elena, que estalle la guerra": Álvaro, ayer entró en mi estudio Micaela. Dejó caer su melena para su sesión de cada miércoles (debería aquí hacer el favor al confundido lector (todos lo son) de explicar la naturaleza de mis sesiones con Micaela Mond: leo su pelo, texto sobre el blanco de su cuerpo. El campo de la psiquio-peluquería tuvo su auge en Perú hace varios siglos) y en lo que cualquier esteta mediocre (y hasta el más bueno) habría detectado una mera schizotrichia (vulgármente conocida como punta abierta), encontré colgando un cabello, corto y oscuro, grueso y rizado, cuyo origen no hace falta título (Cum Laude en la University of Kent) para reconocer - genital Africano. 

No quería ser yo, Álvaro, pero bien sabes que alguién ha de ser el que se podría llamar yo por ser sí mismo (que dice lo no dicho), pero solo si es el que (se) l(l)ama.

Lo siento.

Wednesday, March 28, 2012

EsTROJANdo la Mondarina


Cordial Málvaro,

acabo de volver de la visita a la fábrica de TROJAN® Brand Latex Condoms en Madrid, abierta apenas hace dos semanas, como cierto bivalvo selenita que le será a usted familiar, y he quedado profundamente complacido de la exquisitez en el trato de estos envoltorios penales por parte de los trabajadores de dicha fábrica; es por eso que quiero agradecerle a usted y a su chica que me regalaran los dos tickets de que disponían para esta excursión. Obviamente me acordé de usted y de su recién adquirida cónyuge de hecho, M. Mand, poeta elástica, perfumada y, a buen seguro, de buen sabor. Me fue, ya digo, genial en la fábrica; el manejo de las gomas, los modelos de falo, la aséptica suntuosidad de las cadenas de montaje, las salas de aromatización, enjuague y prueba de resistencia a los fluidos despertaron en mí la inspiración antes adormilada (/sedada/anestesiada) y han sido los responsables de que ahora le dedique esta misiva a modo de Epístola de San Pablo a usted y a su poetisa meretricia.

En medio de la reunión del grupo de Análisis de Recepción del Producto, a la que nos invitaron a asistir a los portadores del ticket VIP, del que me proveíste con tanta generosidad, uno de los asistentes comenzó a probarse la gama de condones de frutas del bosque (un sabor para cada baya, o viceversa) delante de todos los asistentes, ante la mirada atenta de unas y aterrorizada de otros (el miembro era prodigioso). Después de aquel simpático incidente, nos (¿no le intriga saber quien es mi particular M. M.?) condujeron a todo el rebaño a la salida, como consecuencia, quizás, del paro cardíaco que sufrió la visitante de más avanzada edad. Me acordé, por puro y lamentable contraste, de su propio colín, Crítilo, que acerté a vislumbrar diestra y sigilosamente en aquellos urinarios públicos del Libertad 8, tras el recital de su nínfula crápula y exuberante. 

"Estamos ante una de las fábricas de barreras para el esperma y los patógenos de las ETT más grande y eficiente de Europa", no paraba de afirmar la guía del tour (durante la visita, antes del test in situ del dotado visitante [el cual, dicho de sea de paso, fue obligado por la directora de la fábrica a quedarse a cumplimentar un formulario en su despacho]), que llevaba puesto, como todos nosotros, un traje de protección e higiene blanco, con su pertinente gorro de redecilla para evitar que algún que otro cabello cayese en, por ejemplo, la solución química que provee a los globitos del amor de esa textura suave y acariciable tan característica de TROJAN®. Era el momento, como decía en el párrafo anterior, de abandonar la fábrica de TROJAN® Brand Latex Condoms, aunque no sin antes recibir dos cajas de treinta y seis condones TROJAN®, que pienso utilizar (¿sigue sin carcomerle las entrañas la identidad de mi apuesta y joven y fragante y dorada concubina?) en los próximos cinco años (tal es su vida útil) y, out of generosity, regalarte (al menos en parte). Lo menos que podía hacer era esto, ¿verdad, penpal? 

No me olvido de nuestras conversaciones, Cráculo, pero le veo tan embebido en las mieles mondadas de su poetisa-peluche que llego a pensar que a usted ya solo parece interesarle su  clítoris rimador (el de ella) y que nuestras, gloriosas por mi parte y esforzadas por su parte, batallas dialécticas ya no le aportan más que quebraderos de cabeza. Amor, amor, amor, le ha anegado el corazón (¿me creería si le dijera que mi acompañante era una institutriz, una lumia, una hetaira, una puta como la copa de un pino [y perdone mi lenguaje]?). Busque en su interior, porque ya no es usted el mismo, y créalo, me llena de pene, se lo digo con total sinceridad, y espero que usted recobre el hábito conversador y tertuliano a la mayor brevedad posible: la sociedad nos necesita (además estaba usted mejorando sus técnicas retóricas y sus argumentos).

Oh, se me olvidaba: a ti y a tu mondarina os he dejado un mensaje encriptado en esta carta (además de manchas de lubricante TROJAN®), cuya clave descansa en la primera letra de cada frase; con esto se despide su bromista experto en profilaxis Julien Hondervo (a.k.a. Domador del verbo).

Wednesday, March 21, 2012

Micaela Me Cae Mal

 

Ayer vi a mi Micaela camelada por mi neuro-némesis y antiguo compañero de universidad, el cubano falicorto Orfeleo Altruendo. Como todo digno intelectual, debería canalizar esta sensación de desvaginalización en algún producto creativo. Pero por ahora solo puedo consolarme leyendo sus poemas y preguntandome cómo me pudo ocurrir tal ocurrencia.


Gatillo
de Micaela Mond


dar formato a una cosa
es maquetar

no el sentido (sin tiro) original

amar es comer paella en blanco
y negro
y dejarse la piel
en la piel

de la mano

como un umbral que cuelga tras el texto
y su placer

oh yeah. me penetran las enormes

farolas de la noche
como gigantescos y salvajes

detectives
latiendo dentro de mi
pusilánime

palpitación
labial

inferior

Wednesday, March 14, 2012

Alfaguarras



Señor Ondervo,

hay que admitir que conseguir vender por 30 euros un libro tan escaso (y espeso) como Tiesura (Pre-Textos, 2007), cuyo número de páginas no excede la edad de su autor, a una audiencia principalmente compuesta de moribundos profesores de universidad y poetas con amalgamas de pendientes en los terrenos ignotos del físico humano tiene su mérito. Yo, personalmente, hubiera preferido, y preferí, invertir esa cantidad en la nueva edicion de Poemas Completos de Ron Jeremy (como será evidente, en tapa dura), que publica Analgrammar esta semana.

El problema yace en el microcosmos editorial español, que por cada copia vendida compensa al autor con una falo-imposición menos agradable que la que usted menciona en su previa misiva. (Por cierto, señor Ondevour, le recomiendo que revise su propia revisión de Derrida, ya que su terminología, concretamente, su (ab)uso de la palabra falofacismo, con la que deconstruye la imposición del falo en el cuerpo del estado como un golpe a la vez fascista y facial, forja una relacion entre la suma generosidad del sexo oral con la brutalidad autolegitimadora de la tiranía.) Las editoriales en España controlan la coyuntura cultural, la cumbre del coloquio, la carne del coito civil (su asonancia no me asusta, astuto Ondervo), y en su falo-imposicion mercantil deciden publicar por precios exorbitantes la nicotina textual, la pésima y nociva literatura popular. Lo que conlleva preguntarse cómo obras como las suyas (e.g. La Hoguera de las Vainas [Montadori, 2001]) han conseguido llegar a las estanterías de las librerías nacionales, y en algunos casos (aunque nunca he llegado a presenciarlo) hasta con algún ejemplar colocado sobre la mesa de "novedades." También hay libreros con sentido del humor, intuyo.

La tesitura, estimado Endeavor, es tal que la juventud ha perdido su fe en la letra. Le informo porque su autoridad en temas de culturas contemporáneas sigue siendo cuestionable - un capítulo de "Mujeres y Hombres y Viceversa" no le otorga el derecho a opinar. El archi-mozo no posee tal afluencia como para ceder el alcohol o la droga y usurpar sus necesidades socio-lúdicas con un ejercicio cerebral que no rellena la manga más allá de la discoteca del discurso. Por lo tanto, las editoriales tienen en su poder dos llaves para falo-imponerse a la juventud: 1. bajar el precio de los libros para que la generación 2.0 (creative suite y/o basic) pueda acoger a la literatura dentro de su espacio de ocio; y/o 2. enfatizar el libro como objeto en tanto que posesión ego-lucrativa, i.e. vender el libro al mismo nivel que el collar, la zapatilla y el llavero, y aludir a las necesidades superficiales del abismo postmoderno.

No sé si esta coyuntura perjudicará nuestros futuros proyectos, señor Ondervo, pero sí sé que mi llavero tiene abrelatas.

De todos modos, todo esto lo ha dicho ya David Foster Wallace (por si no se lo cree). O algo por el estilo.

Un saludo cardial,

Álvaro Crátulo

La virtud de una prosa clara


Mi muy estimado contertulio, 

para nada fue tu críptica y semivacía misiva lo que me hizo delegar una pronta respuesta. Nada más lejos, querido Crátulo. Si por algo soy conocido en mis selectos círculos catódicos es por atesorar un talante diligente y elegante para con mis iguales (observe la asonancia, apenas sin esfuerzo). Y como puede usted imaginar, aún no ha conseguido su distinguida y rimbombante persona penetrar en este selecto grupo. Empero su facilidad y pericia con el idioma de Larra (grande entre los grandes [algún día hemos de charlar sobre la obra de este fauno genial]) llegado un punto es probable que le granjeen un sillón o un trono de primer orden dentro de mi ojalá más flemático ambiente.

Hechas ya las tácitas promesas, paso a abordar el tema que parece interesarnos a ambos: La Imposición del Falo en la Cara/Vagina de esta nuestra Entumecida (como usted bien dijo) Sociedad. Dicha imposición viene siendo la tónica general de los debates/verdulerías/coloquios/discusiones de ágora televisivos y, por tanto, merece nuestras más dedicadas (y capaces) atenciones y reflexiones. [Como puede observar, he rehuido sus comentarios dirigidos a mis publicaciones (Tiesura [Pre-Textos, 2007; 29,99€] es la más reciente) y a mi desunida y expeditiva melena. No les veo interés (a sus comentarios, por supuesto): carecen de la enjundia que mi entendimiento solicita (exige) para dedicarle acaso unos minutos de mi tiempo. No obstante el tema "impositivo" me parece del todo enjundioso.] Es dolorosamente obvio que toda manifestación erecta erigida a modo de rascacielos capilar pretende ser muestra y prueba irrefutable de cierta (supuesta, por quien la porta) superioridad, sea ésta fálica, viril o del ego. En mí esta tendencia genera una atracción cada vez mayor. 

Todo este simulacro baudrillardiano, por ende, me llena de placer (lejos de la anhedonia de la que parece usted hacer gala, encerrado en su cubículo pseudo-chambre de bonne) y no puedo más que acudir a presenciar, como tantos otros de mis compatriotas, este maravilloso espectáculo de variedades. Creo, asimismo, que la imposición casi protésica y desde luego proteica del flequillo y por extensión del miembro (de la tertulia y genital) es del todo necesaria, pues ¿cómo si no, íbamos a distinguir a los especímenes más válidos y más evolucionados de nuestra especie? Consciente de mi limitación estética, soy mero espectador y no participante en estos eventos, ya que desentonaría entre tanto músculo y silicona y maquillaje naranja y gomina y laca. Soy bajito, feo y con gafas (como imagino que también lo será usted [le agradecería que me mandase una fotografía junto con su siguiente carta]), por lo que me he dedicado enteramente a muscular mi cerebro con conocimientos elegidos con esmero y tino, así como a fijarlos mediante esta sana y educada conversación, que espero seguir manteniendo con usted, don Álvaro. Me veo obligado a dar por concluida esta epístola, pues he de arreglarme el tupé y depilarme los brazos para el simulacro de esta tarde.

A título informativo, mi apellido se escribe con H al principio. 

Se despide de usted,

Julien Hondervo.